Dar un buen discurso, la guía definitiva.

Como dar un buen discurso

Dar un buen discurso, la guía definitiva.

Una guía rápida para dar un buen discurso 

Dar un buen discurso ante la audiencia es vital para lograr todos los objetivos profesionales y personales que nos propongamos a lo largo de nuestra vida.

El cierre de una venta importante, la ponencia en un escenario frente a cien personas o la exposición de un proyecto, son situaciones a las que, a veces, la vida nos expone.

Sin embargo, podemos afrontarlas sin miedo y con confianza y seguridad sabiendo expresar nuestros conocimientos e ideas mediante el arte de la comunicación.
Además de transmitir confianza con nuestro discurso, es muy importante captar la
atención de nuestros receptores y controlar el acto comunicativo.

De esta manera, podremos establecer un vínculo y una influencia en nuestra audiencia y con ello, la consecución de los propósitos que nos hayamos marcado.
Aun así, somos conscientes de que no todas las personas nacemos con el don de la comunicación, pero… ¡tenemos buenas noticias!

Y es que, la comunicación se aprende y se entrena, como cualquier otra materia.
Es por ello por lo que a continuación, te doy las bases para que puedas empezar a
comunicarte con seguridad y control.

Aprende a comunicar con esta guía para dar un buen discurso.

7 tips para dar un buen discurso

  1. Muletillas, fuera…

Las muletillas son palabras o expresiones que repetimos de manera continua e inconsciente a lo largo del discurso. El motivo es que solemos emplearlas como relleno y cuando no sabemos muy bien cómo expresar una idea.

Muchas veces solemos cometer el fallo de incluirlas en nuestro lenguaje cotidiano, por lo que nuestro cerebro las tiene muy interiorizadas.

Pero ¡cuidado! El mensaje que transmiten las muletillas es todo lo contrario de lo que un buen comunicador querría transmitir. Y es que con ellas el discurso se vuelve vacío, no aportan ningún valor.

Además, pueden confundir al receptor, quien podría hacerse una idea errónea sobre nosotros y nuestro discurso, ya que transmiten inseguridad, miedo escénico, falta de preparación, de creatividad, de profesionalidad y de vocabulario.
Así que, fuera muletillas y para siempre, por favor.

  1. Atención a las pausas

Los silencios son tan importantes como las palabras en un discurso. Con ellos
aportamos valor a lo que acabamos de expresar, dejamos que el público lo reflexione y al mismo tiempo, preparamos a la audiencia para nuestra siguiente idea.

Además, las pausas en un discurso marcan el ritmo de este, y aunque a veces queramos que se termine cuanto antes, hablar deprisa y sin respirar no hace que el tiempo pase más rápido.

De esta manera, los silencios nos dan el poder de controlar nuestro discurso y a la misma audiencia, indicándoles dónde aplaudir, asentir o llorar cuando nosotros lo marquemos. Todo mediante la ausencia de palabras.

  1. Céntrate en la siguiente idea

Al hacer una pausa, concéntrate solo en lo que viene después. Tu tono de voz deberá de ser un poco más alto que la última frase que has dicho para indicarle al público que hay una diferencia.

  1. Encuentra tus conectores

En castellano tenemos infinidad de «conectores» que pueden enriquecer nuestro discurso. Al contrario que las odiadas muletillas estos sí aportan valor, sentido y guían al discurso en la dirección que queramos.

Con ellos podemos enfatizar, resaltar una idea, marcar el inicio, el desenlace, la conclusión o incluso transmitir al receptor que nuestra intención es añadir más información.

Algunos de los conectores que podemos emplear en nuestro discurso son: además, por otro lado, sin embargo, de igual forma, antes que nada, en primer lugar, para terminar, tal y como hemos visto, por consiguiente, de lo que se concluye que, cabe destacar, conviene señalar que, etc.

  1. Ponle énfasis

Tras acabar una frase y realizar una pausa de uno o dos segundos, retoma la idea, pero con distinta entonación. Esto te permitirá conseguir una mayor concentración y evitar las tediosas muletillas.

  1. Reconoce tus errores

Puede pasar que nuestra cabeza nos juegue una mala pasada y se nos olvide la frase o palabra que queríamos decir o que los nervios nos hagan perder la concentración y digamos una palabra por otra.

En esos casos, lo más importante es que no cunda el pánico y actuemos con naturalidad,
reconociendo nuestro error o haciendo una pequeña pausa para volver a meternos en el discurso.

El público no son más que personas, como tú y como yo, trátalas como tal creando vínculos de empatía y confianza.

Y por último..

  1. Interactúa con la audiencia

Genera el interés en el público, capta su atención y mantenles despiertos y atentos haciéndoles partícipes de tu discurso.

Aprovecha sus dudas, repite lo que no haya quedado claro (siempre que haya tiempo suficiente), pide un
feedback de cómo están siguiendo el speech para darle vida, huir del aburrimiento e integrar a la audiencia.

Humaniza tu discurso, utiliza tu simpatía, habla con las personas que te están escuchando, hazte su amigo, aunque esa amistad dure la media hora de tu ponencia. En definitiva, crea vínculos.

Como puedes ver, la comunicación es como cualquier otra materia, necesita aprenderse, practicarse y entrenarse.

Una vez que se domina, tenemos más probabilidad de salir con éxito de las situaciones complicadas que se nos ponen por delante.

Es más, aprender a dar un buen discurso nos permite conectar con nuestra audiencia,
controlar la comunicación e, incluso, llegar a tener un efecto de influencia.

Con mis cursos, podrás aprender todas las claves que necesitas para dominar la comunicación solo con el impacto que tiene tu voz.

Además, te dará la oportunidad de detectar y analizar las carencias o dificultades que
puedas encontrarte al expresar tus ideas en público, con el objetivo de trabajar en
ellas y reforzarlas.

Para ello, te ofrezco un entrenamiento personal totalmente adaptado a tu rango
vocal y estilo comunicativo
para que descubras tu auténtico estilo, aquel con el que
influir, inspirar y persuadir a tu audiencia salga de manera natural.

 



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