Disminuir tiempo hablar rápido

Cómo disminuir la velocidad al hablar

Si hay algo que en el campo de la oratoria y de la comunicación efectiva que puede jugar un papel crucial es la velocidad al hablar. Algo que, además, suele ir estrechamente ligado con la dicción y hasta la modulación de la voz. Es clave dominar las pausas a la hora de transmitir mensajes claros y, sobre todo, de conectar con la audiencia.

Aunque hablar rápido puede parecer una forma eficiente de transmitir mucha información en poco tiempo, la velocidad excesiva resulta contraproducente en la mayoría de las ocasiones, porque puede dificultar la comprensión, disminuir la credibilidad del orador y hacer que la presentación resulte abrumadora para quienes están escuchando. Por no hablar de que hasta es posible que se haga extremadamente cansado para el propio orador. Así, dominar las pausas es básicamente una habilidad casi invaluable para cualquier comunicador. 

La respiración

Una de las formas más efectivas de diminuir la velocidad al hablar es tomar el control de tu respiración. Por ejemplo, antes de comenzar una presentación, una entrevista de trabajo o algo que suponga exponerte a un público, lo ideal es tomar un momento para respirar profundamente y pausadamente.

Inhala lentamente por la nariz, sintiendo cómo tu abdomen se expande, y luego exhala suavemente por la boca. Esta práctica te ayudará a relajarte y a establecer un ritmo más tranquilo para tu discurso.

Conciencia en el ritmo

Lo cierto es que muchas veces podemos hablar rápido sin realmente ser consciente de ello. Por tanto, es fundamental desarrollar una conciencia de nuestra velocidad del habla.

Por ejemplo, un truco muy valiosa es hacer prácticas de oratoria, grabando nuestra voz o pidiendo a alguien de confianza que nos escucha. Aquí tendremos que prestar atención a los momentos en los que te aceleras; incluso, en los que te quedas sin aire. Una vez seas consciente de ello, hay que hacer un esfuerzo consciente en ralentizar en el ritmo.

Lo que en principio resultará, como decimos, un esfuerzo y algo extraordinario, acabará volviéndose en ordinario y cotidiano.  

Articulación y claridad

Como comentábamos al principio de este texto, hablar rápido puede comprometer la claridad de tu dicción, lo que dificulta que tu audiencia comprenda completamente tu mensaje. 

Para evitar que esto ocurra, lo ideal es que te enfoques en articular cada palabra con precisión y claridad. Incluso, igual que a la hora de tomar conciencia de nuestro ritmo al hablar, nos toca ensayar, aquí también. Leer el discurso parándonos en cada palabra y hasta dividiendo cada una en sílabas es una técnica eficiente. 

Practica ejercicios de dicción y vocalización para mejorar tu habilidad para comunicarte con claridad, incluso a un ritmo más lento. 

Pausas estratégicas

Las pausas son una herramienta poderosa en el arsenal del orador. Al hablar rápido, tendemos a eliminar las pausas naturales entre oraciones y pensamientos.

Sin embargo, estas pausas son cruciales para permitir que tu audiencia asimile la información y procese tus ideas. Intégralas estratégicamente en tu discurso, especialmente, después de puntos importantes o para enfatizar ciertas ideas. 

Modulación de la voz

Permítame que insista en este punto: hablar rápido puede llevar a una falta de modulación en la voz, lo que puede hacer que el discurso suene monótono y poco interesante.

Para mantener el interés de tu audiencia, practica la modulación de la voz al hablar más despacio. Varía el tono, el volumen y el ritmo para agregar color y profundidad a tu presentación. Esto ayudará a mantener la atención de tu audiencia y a transmitir tu mensaje de manera más efectiva.

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