La voz y su valor para intérpretes y traductores

Recuerdo cuando era adolescente y mi madre me repetía machaconamente aquello de: «Es que te acuerdas de santa Bárbara cuando truena». Me llevaban los demonios, sobre todo porque ella casi siempre tenía razón, así que me prometí a mí misma que esa frase jamás saldría de mi boca. ¡Qué ilusa! Subestimé el poder de interiorización materno y a día de hoy no puedo evitar sonreír cada vez que la utilizo, no solo con mis hijos… sino también con los pacientes.

 

Un gran porcentaje de las personas que desfilan por mi consulta llegan cuando ya tienen un problema, así que, además de recordar a la famosa santa de las tormentas, pienso en cuántas dolencias se podrían evitar si practicáramos la sana costumbre de la prevención.

Cuando veo a un profesional de la voz, no puedo evitar pensar en los deportistas de élite. ¿Alguien puede creer que Cristiano Ronaldo saldría a jugar un partido sin haber realizado ejercicios de calentamiento?, ¿sin poner a tono sus músculos? La respuesta es «NO». Todos damos por hecho que su cuerpo es su herramienta de trabajo y por lo tanto debe cuidarla al máximo, ¿verdad? Pues en el caso de los profesionales de la palabra es lo mismo, con la única diferencia de que su instrumento de trabajo es la voz y que deben utilizar la musculatura de la garganta para hablar, en lugar de la de las piernas para recorrer el campo con un balón. Si Cristiano quiere evitar una rotura del ligamento cruzado que le lleve al banquillo, un profesional de la voz querrá evitar una afonía que le deje fuera de juego. En ambos casos, la clave para evitar las lesiones es entrenar y prevenir.

La importancia de la respiración

Lo primero que tiene que hacer cualquier persona es conocer el funcionamiento de su herramienta de trabajo, que en el caso de los intérpretes es la voz. En realidad, para que funcione, únicamente necesitamos aire pasando entre las cuerdas vocales, pero de cómo lo hagamos dependerá su calidad, sonoridad y salud.

Una de las cosas que primero enseño en mi consulta es a manejar perfectamente la respiración diafragmática. No hay nada peor que estar escuchando a una persona y notar cómo se va quedando sin aire. Este tipo de respiración nos permite almacenar una mayor cantidad e ir dosificándolo a medida que lo vamos necesitando. También ayuda a que tengamos un mayor dominio de la voz y seamos capaces de arrancarle todo tipo de matices. Pero lo que más me gusta es que gracias a ella podemos controlar el cuerpo a nivel emocional y por lo tanto gestionar los nervios y el estrés.

La postura

La postura también influye en la voz y está muy ligada a la respiración. Si no estamos en la posición correcta, el diafragma y los pulmones estarán oprimidos y por lo tanto será muy difícil coger la cantidad de aire que necesitamos para expresarnos. Por no hablar del tono, que puede variar enormemente en función de nuestra postura. Un ejemplo muy claro de lo que digo fue el discurso de su majestad el rey Felipe VI, en su discurso de proclamación como jefe del Estado. Era fácil notar un tono aflautado en su voz, que muchos achacaron a la emoción del momento. Sin olvidar la carga emotiva del acto, vale la pena barajar otra causa como, por ejemplo, la colocación del micrófono: demasiado bajo para la envergadura de Felipe VI, lo que le obligaba a inclinar la cabeza y, por lo tanto, a desplazar la laringe.

Las buenas y las malas prácticas

Después de tantos años trabajando con profesionales de la voz, todavía me sorprende el desconocimiento que tienen de aquello que les beneficia y les perjudica. Por eso, cuando trabajo con ellos, elaboramos una especie de catálogo de buenas y malas costumbres.

Las buenas: hidratarse correctamente, es decir, beber mucho, a sorbitos y a temperatura ambiente. Por supuesto, calentar la voz; como cualquier deportista, hay que preparar la musculatura para evitar los tirones, y no debemos olvidar que las cuerdas vocales son músculos y, por lo tanto, no están libres de sufrirlos. También hay que entrenar los de la cara, ya que de ellos dependerá lo rápido y claro que podamos hablar. Una vez terminado el trabajo, sería recomendable estirarlos con una serie de ejercicios concretos. Por último, es fundamental un buen descanso porque las cuerdas se recuperan durante el sueño.

Las malas: tomar bebidas gaseosas o muy frías, comer alimentos salados, picantes o azúcares. Tampoco son recomendables los frutos secos con piel. La menta está prohibida porque reseca y jamás se debe carraspear para aclarar la voz. Esta práctica tan común es tremendamente nociva para las cuerdas vocales porque literalmente las despelleja.

La voz, la gran olvidada de los intérpretes

No seré yo quien diga que los intérpretes son los únicos profesionales de la voz que se olvidan de cuidarla, puesto que es algo que ocurre en muchos gremios. Sin embargo, es muy normal que ni siquiera se planteen lo importante que es este cuidado en el desarrollo de su trabajo. Se pasan años en la facultad aprendiendo diferentes idiomas y se especializan en terminología de todo tipo, pero olvidan que muchos de ellos se van a pasar un buen número de horas hablando en condiciones que muchas veces no son las óptimas, así que una parte fundamental de su aprendizaje deben ser las técnicas vocales. Pongamos como ejemplo una interpretación de enlace en una fábrica con ruido o al aire libre: sería muy importante que el profesional supiera colocar la voz, proyectarla y que suene bien.

Además de la salud vocal, otro de los aspectos que los intérpretes deberían trabajar es la comunicación. No basta con traducir lo que está diciendo el ponente desde el atril, por ejemplo, sino que también hay que transmitir. En una interpretación consecutiva, además de trasladar a otro idioma el discurso de una persona, hay que captar los matices de su voz y sus intenciones, ya que de otra manera no conseguiremos atraer la atención de quien nos escucha. Esto, que puede parecer muy difícil de lograr, no lo es tanto si contamos con las herramientas adecuadas, como, por ejemplo, jugar con los diferentes tonos de la voz.

Llegados a este punto podemos decir, por un lado, que los intérpretes no son meros traductores y que su labor va mucho más allá de traducir frases de un idioma a otro: tienen que comunicar. Por otro, que su herramienta de trabajo es la voz y, por lo tanto, deben cuidarla para que sea clara, sonora, proyectada, con una buena vocalización, que se oiga y entienda bien y que no resulte monótona, con el fin de no aburrir al interlocutor.

Si la labor de los profesores en la universidad fue enseñarles a hablar y entender un idioma con la mayor fluidez posible, la de los profesionales de la voz, como los logofoniatras, es ayudarles con todo lo explicado anteriormente.

Volviendo a nuestro ejemplo deportivo: para ser Cristiano Ronaldo no basta con jugar bien al fútbol… Hay que ofrecer un valor añadido.