Altea Tejido Sánchez-Periodista

Altea Tejido Sánchez-Periodista

Hace unos meses tuve la gran fortuna de conocer a Marta Pinillos y sí, digo fortuna porque no existe mejor palabra para describir la gran suerte que supone que esta profesional se cruce en el camino de todos aquellos que padecemos problemas de voz. Quien los sufre sabrá perfectamente de lo que hablo.

En mi caso, fue mi profesora en el máster que cursé y en sus clases aprendí a ver la importancia que tiene la voz en todos los ámbitos de la vida, pero especialmente en nuestra profesión de periodistas. Es asombroso cómo influye saber utilizar bien nuestra voz en un discurso y la cantidad de cosas a tener en cuenta para hacerlo. 

Cuando terminaron sus clases sentí la nostalgia de ver cómo se iba una gran oportunidad de continuar aprendiendo sobre ese campo que siempre había sido "una especie de tortura" para mi y que ahora, tras haberla conocido, se me antojaba aún más grande y desconocido. Fue eso lo que me llevó a contactar con ella e iniciarme en las sesiones de rehabilitación.

El cambio no se hizo esperar, con tan solo un par de días de clases con ella comencé a notar cómo mi forma de hablar cambiaba y cómo mi voz mejoraba con ello. Ponerme ronca dejó de ser "el pan de cada dáa" cuando tenía algún evento especial ya fuera una cena o unas copas con amigos; sorprendentemente al día siguiente despertaba y podía hablar.

Pero no solo eso, sino que en mi día a día, en el trabajo, noté como la calidad de mi voz había mejorado ya que el simple hecho de locutar una pieza me dañaba y la voz me quedaba resentida para el resto de la jornada, lo que dejó de pasar.

De Marta he aprendido que la voz es un músculo al que hay que educar primero y ejercitar diariamente después. Igual que cualquier otro del cuerpo que queramos ver bien y hacemos ejercicio para ello, debemos hacer ejercicios para fortalecer y mantener bien nuestra voz.

Poder contar con una profesional como ella es todo un privilegio; además del aprendizaje diario en sus sesiones, la calidad humana es inmejorable. Marta hace un seguimiento exhaustivo de todos sus pacientes, hasta el punto que los "whatsapps" con ella se convierten en habituales cuando has ido un día peor de voz a clase o cuando sabe que tienes un acontecimiento en el que quizás puedas forzar un poco más sin darte cuenta.

Ella se preocupa por ti igual que una amiga lo haría, porque todas las personas que acudimos a su consulta le preocupamos y se molesta en conocernos específicamente a cada uno para que los resultados sean óptimos.

Animo a todo aquel que esté buscando un profesional de la voz a que vaya a conocer a Marta. Solo hará falta una clase, para que compruebe todo esto que he contado y para que salga de allí deseando que empiece la segunda.

Tras las sesiones para educar y fortalecer mi voz, Marta me ha propuesto que ejercitemos la locución, tan importante en mi profesión y que ella sabe que es mi talón de aquiles... Yo estoy muy ilusionada y espero poder empezar cuanto antes con ello, porque sé que la mejora será increíble; pero eso ya os lo contaré en otro capítulo.

Hace unos meses tuve la gran fortuna de conocer a Marta Pinillos y sí, digo fortuna porque no existe mejor palabra para describir la gran suerte que supone que esta profesional se cruce en el camino de todos aquellos que padecemos problemas de voz. Quien los sufre sabrá perfectamente de lo que hablo.

En mi caso, fue mi profesora en el máster que cursé y en sus clases aprendí a ver la importancia que tiene la voz en todos los ámbitos de la vida, pero especialmente en nuestra profesión de periodistas. Es asombroso cómo influye saber utilizar bien nuestra voz en un discurso y la cantidad de cosas a tener en cuenta para hacerlo. 

Cuando terminaron sus clases sentí la nostalgia de ver cómo se iba una gran oportunidad de continuar aprendiendo sobre ese campo que siempre había sido "una especie de tortura" para mi y que ahora, tras haberla conocido, se me antojaba aún más grande y desconocido. Fue eso lo que me llevó a contactar con ella e iniciarme en las sesiones de rehabilitación.

El cambio no se hizo esperar, con tan solo un par de días de clases con ella comencé a notar cómo mi forma de hablar cambiaba y cómo mi voz mejoraba con ello. Ponerme ronca dejó de ser "el pan de cada dáa" cuando tenía algún evento especial ya fuera una cena o unas copas con amigos; sorprendentemente al día siguiente despertaba y podía hablar.

Pero no solo eso, sino que en mi día a día, en el trabajo, noté como la calidad de mi voz había mejorado ya que el simple hecho de locutar una pieza me dañaba y la voz me quedaba resentida para el resto de la jornada, lo que dejó de pasar.

De Marta he aprendido que la voz es un músculo al que hay que educar primero y ejercitar diariamente después. Igual que cualquier otro del cuerpo que queramos ver bien y hacemos ejercicio para ello, debemos hacer ejercicios para fortalecer y mantener bien nuestra voz.

Poder contar con una profesional como ella es todo un privilegio; además del aprendizaje diario en sus sesiones, la calidad humana es inmejorable. Marta hace un seguimiento exhaustivo de todos sus pacientes, hasta el punto que los "whatsapps" con ella se convierten en habituales cuando has ido un día peor de voz a clase o cuando sabe que tienes un acontecimiento en el que quizás puedas forzar un poco más sin darte cuenta.

Ella se preocupa por ti igual que una amiga lo haría, porque todas las personas que acudimos a su consulta le preocupamos y se molesta en conocernos específicamente a cada uno para que los resultados sean óptimos.

Animo a todo aquel que esté buscando un profesional de la voz a que vaya a conocer a Marta. Solo hará falta una clase, para que compruebe todo esto que he contado y para que salga de allí deseando que empiece la segunda.

Tras las sesiones para educar y fortalecer mi voz, Marta me ha propuesto que ejercitemos la locución, tan importante en mi profesión y que ella sabe que es mi talón de aquiles... Yo estoy muy ilusionada y espero poder empezar cuanto antes con ello, porque sé que la mejora será increíble; pero eso ya os lo contaré en otro capítulo.

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