La finalidad de la comunicación

La finalidad de la comunicación

El mundo actual está basado, más que nunca, en la comunicación. Las relaciones interpersonales, las actividades laborales, la política, las empresas, los medios informativos, la publicidad… En todos los aspectos que rigen la vida cotidiana y el funcionamiento de las organizaciones, la comunicación juega un papel esencial, ya que es el hecho de transmitir un mensaje de forma inteligible y convincente a todos los posibles receptores para provocar en ellos una respuesta positiva.

El mundo actual está basado, más que nunca, en la comunicación. Las relaciones interpersonales, las actividades laborales, la política, las empresas, los medios informativos, la publicidad… En todos los aspectos que rigen la vida cotidiana y el funcionamiento de las organizaciones, la comunicación juega un papel esencial, ya que es el hecho de transmitir un mensaje de forma inteligible y convincente a todos los posibles receptores para provocar en ellos una respuesta positiva.

Es por ello que hay que aprender a dominar todos los recursos comunicativos de que disponemos para conseguir nuestros objetivos.

Todo comunica. Esta es la clave. Siempre estamos comunicando. Nuestra imagen, nuestros actos y nuestros gestos lanzan continuos mensajes a nuestro alrededor en cada situación.La llamada comunicación no verbal, aquella en la que no interviene la palabra, proporciona una idea de nosotros antes de que pronunciemos una sola sílaba.

Si ese concepto que se forman de nosotros es negativo, el mensaje que queramos transmitir con nuestras palabras llegará con más dificultad o puede conllevar el peligro de perder toda credibilidad.

Cuando acudimos puntuales a una cita, estamos comunicando que somos responsables con nuestras obligaciones, atentos con las demás personas, que tenemos interés por agradar a nuestros interlocutores y que somos correctos y educados. Si acudimos bien vestidos y aseados para la ocasión estamos transmitiendo pulcritud y elegancia.

Alguien que acuda a una reunión laboral mal peinado y con retraso ha empezado mal su propuesta de comunicación, la audiencia ya no tendrá un buen concepto de esa persona ni de su eficiencia, y mucho les tendrá que convencer con sus ideas para lavar esa mala imagen. 

Del mismo modo, los gestos y las miradas dicen mucho de la persona que nos escucha. A través de ellos podemos saber si le interesa lo que le decimos, si está atenta, o, por el contrario, si se aburre o si no le atraen nuestros planteamientos. Y, por supuesto, todos somos oyentes en algún momento.

Nuestros gestos y miradas igualmente expresan nuestro interés por los discursos ajenos, nuestra disposición a colaborar con quien nos está exponiendo el mensaje, etc. Es decir, aunque no tengamos el uso de la palabra, siempre estamos comunicando.

Por otra parte encontramos la comunicación verbal. A través de ella un mensaje puede penetrar con más facilidad en la audiencia. El orador, profesor, ejecutivo, político, publicista, actor, cantante o periodista tiene que conocer sus capacidades verbales para potenciarlas, así como sus debilidades para corregirlas.

De esta forma, se distinguirá del resto, captará mejor la atención de los oyentes y su mensaje penetrará mejor en las diferentes audiencias.

En la expresión oral, tan importante o más que el mensaje es la manera de transmitirlo. Hay que cuidar el léxico empleado y adecuarlo a cada situación. El buen comunicador es comprendido por diferentes tipos de públicos. No es lo mismo hablar para expertos en una materia que para profanos en la misma.

Pero si se comunica con eficacia, el buen orador sabe adaptarse a la audiencia porque sabe cómo hacer que su mensaje conecte con el público.

En la comunicación verbal es imprescindible cuidar la vocalización, hablar claro y a buen ritmo para resultar ameno. Hay que entonar las frases haciendo hincapié en los aspectos principales del discurso para no caer en la monotonía.

Y también es necesario saber combinar la comunicación verbal con todos los recursos no verbales, especialmente con una mirada y unos gestos que indiquen seguridad, tranquilidad y confianza para convencer a los interlocutores.

Y lo que más define a cada profesional de la comunicación verbal, lo diferencia del resto y ayuda a que un mensaje llegue con más facilidad a quien lo escucha, es la voz. La voz es un elemento personal diferenciador y lleno de múltiples posibilidades. A través de un buen manejo de la voz se puede motivar, convencer, incitar, conmover, agradar, etc.

A pesar de no tener que dar siempre un discurso a una gran audiencia, todos en nuestro día a día nos comunicamos con la voz. Por eso tiene que estar siempre a punto.

Una voz cuidada y colocada indica seguridad en uno mismo y cuidado personal y profesional. Debemos evitar malos hábitos que la perjudiquen y aprender a usarla correctamente, sin hacernos daño por un uso indebido para evitar afonías. Si se utiliza de forma apropiada no notaremos cansancio vocal después de largas jornadas en las que hemos tenido que hablar durante mucho tiempo. Tenemos que aprender a proyectarla para utilizarla sin esfuerzo en escenarios amplios. Hemos de aprender a modularla según el momento. El uso que hagamos de nuestra voz es la mejor tarjeta de presentación ante quienes nos escuchan.

A la hora de comunicar, la voz es nuestro más preciado instrumento. Si conseguimos dominar todos los aspectos que engloban la comunicación verbal y la no verbal y sacamos el máximo provecho de todo el potencial que ofrece nuestra voz, estamos en las mejores condiciones de transmitir con eficacia cualquier mensaje.

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