El líder que dominaba a los caballos

El líder que dominaba a los caballos

Hace unos días leía un artículo a cerca de una granja que utiliza caballos para detectar las fortalezas y debilidades de un líder. Decía la veterinaria que lo gestiona, que estos animales no entienden de cargos y que su naturaleza hace que obedezcan a quienes ellos creen actúan de manera segura, coherente y justa mientras se niegan  a seguir a aquellos que muestran actitudes dubitativas.

 

Hace unos días leía un artículo a cerca de una granja que utiliza caballos para detectar las fortalezas y debilidades de un líder. Decía la veterinaria que lo gestiona, que estos animales no entienden de cargos y que su naturaleza hace que obedezcan a quienes ellos creen actúan de manera segura, coherente y justa mientras se niegan  a seguir a aquellos que muestran actitudes dubitativas.

Los caballos, como las personas, son animales sociales acostumbrados a vivir en grupos y a seguir a un macho dominante que vela por su supervivencia.

Las mismas cualidades que los equinos exigen al jefe de la manada, las podríamos trasladar al líder de cualquier equipo y al igual que ocurre con los animales, no será suficiente con que las posean, si no que tendrán que transmitirlas a aquellos que están bajo su mando.

Si los caballos son capaces de comunicar mensajes y estados de ánimo con un lenguaje sonoro bastante limitado, que no podremos hacer los humanos que contamos con la voz, un sistema vocal infinitamente más complejo capaz de transmitir todo tipo de emociones.

Hablábamos antes de esa especie de “máquina de la verdad” en la que se han convertido los caballos a la hora de detectar líderes, la cosa es bastante sencilla: los equinos obedecen en función de la actitud que adopta quien se dirige  a ellos. Esta misma teoría podemos trasladarla a las personas a la hora de motivarlas y no hay herramienta más útil para logarlo que la voz.

Un líder debe de tener unas buenas dotes comunicativas y no sólo debe de ser creíble, seguro y empático, debe transmitirlo. Una buena respiración, la entonación adecuada, el ritmo preciso y resaltar palabras importantes, harán que resulte creíble. Un timbre fuerte dará sensación de seguridad y un tono armónico además de sonriente reflejará empatía. Por poner un ejemplo más claro: en mi época de estudiante tuve un profesor con una voz tremendamente aflautada y actitud pusilánime, cada vez que tenía que poner orden en clase le tomábamos, nunca mejor dicho, por le “pito del sereno” como corresponde a los adolescentes porque no transmitía sensación de autoridad. En esa misma época había una profesora de matemáticas que entraba a clase pisando muy fuerte con los tacones, acto seguido pronunciaba un rotundo buenos días y siéntense….no necesitaba nada más para que nos cuadráramos. La actitud y tono de ambos era tan diferente como el comportamiento que nos provocaban. Lo mismo ocurre con un líder, con la diferencia de que de él dependerá el éxito o el fracaso de todo su grupo.

No deja de sorprenderme que pese a contar con esta herramienta tan valiosa casi ningún programa de liderazgo la tiene en cuenta. Se trabaja todo tipo de comunicación pero se olvidan del elemento que compone el 40% del mensaje. La voz es un plus, un componente que puede marcar la diferencia y hacer que un líder sea distinto al resto. Si es capaz de mostrar nuestro estado de ánimo, también puede influir en el de aquellos que dirigimos y a los que nos dirigimos.

Mientras las cosas no cambien y la comunicación mayoritaria entre los seres humanos siga siendo de persona a persona, el dominio de la voz continuará siendo una habilidad de lo más útil y si no … al menos servirá para dominar a los caballos.

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